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bitacora de ismael clavero
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20 de Abril, 2010 · General

Norita


 

 “NORITA”

Dedicado a la memoria de aquella muchacha de cabellos largos y piel morena, quien creyó en la promesa de un amor, y lo pagó con su vida.

 

¡Ya sabés Cristina, qué tus bromas me tienen harto!- Le dije a mi prima, que en plena edad del pavo se burlaba de mí; asustándome a cada rato. Mientras yo, cansado y sudoroso me dedicaba con ahincó a poner lo más blanco posible, al sepulcro de tío Alberto. Por expreso pedido de nuestra abuela, quien nos prometió una propina por el trabajito, para que podamos ir al recital de Tino (cantante de los Parchís) que se realizaría en el club Comercio.

La peluda brocha de cerdas de jabalí untada en agua con cal, corría presurosa al son de mi mano, yendo de aquí para allá. Sepultando con su costra blanquecina todo vestigio de mugre y de las infaltables suciedades de paloma.

-¡Basta Cristina!- Increpé, mientras le daba un coscorrón y ella me sacaba la lengua. –Si no me dejas de joder, jamás terminare de pintar “la casa de tío Alberto” Y no habrá idas al recital para voz, ni para mí.

Cristina, como sujetándose con sus manos las palabras, por un instante callaba y solamente el silencio espeluznante reinaba en derredor.

 Ante mi propio miedo por ese silencio implacable, era yo ahora quien la jugaba a ser gracioso.

Y mi prima, haciéndose la que se ponía seria, me decía- ¿Sabías que la tumba de aquí enfrente, es la de Norita?

-¿Cual Norita?- Pregunté con el corazón tembloroso.

-La hija de doña Eloísa, la que murió por hacerse “eso”…

-¡Ah!, ya sé… ¿Era la chica que me prestaba las fotonovelas de mi heroína Namur, la justiciera?

-“Exactamenti” ¿Cómo sabrás? La pobrecita, por el miedo que tenía  que su papá descubra su embarazo. En secreto se hizo poner esa cosa horrible… creo que sonda, le dicen.

-¿Y vos mocosa de donde te enteraste?

-Cosas de mujeres- Replicó Cristina, dándose aires de superada. -¿Ves aquellas tres cruces iguales que las de Norita?- Dijo, señalando con su mano a las cuatro tumbas. Que yo en mi fervor de pintor, había ignorado.

-Sí, las veo. Nunca me había dado cuenta de que son todas parecidas, como si fueran calcadas las unas de las otras… ¿Y ese angelito de mármol que está entre las cuatro?

-¡Para canducho! No soy la sabelotodo del barrio- Gritó Cristina meciendo su cabeza, dejando volar con libertad sus negros y enrulados cabellos. Haciéndolos juguetear por su espalda. Mientras la contemplaba por primera vez como una mujer. Como si recién ahora me hubiera descubierto a esta rosa tempranera que le nacía desde lo profundo de su infancia.

-¿Sufrió mucho?...-Indagué angustiado.

-¿Quién? ¿La finadita Núñez?

-Sí, la Norita ¿Sufrió mucho cuando murió?

-Eso averíguaselo al padre Ovidio- Contestó con ironía, jugando con mis dudas, aumentando mis preguntas.

-¿No me vas a decir que la Norita se entreveró con ese cura que es un santo?

-“Exactamenti” muchacho, “exactamenti”- Dijo mi prima, al tiempo que reventaba en su palma un globo hecho de chicles.

 

 

-...Bueno. Es hora de irnos- Le dije tajante, como no queriendo saber más nada de aquel asunto. Levantando el balde con pintura y la pinceleta.- Por ahora me cansé, mañana volveremos a terminar la pintada- Y nos dirigimos casi en silencio a los portales de salida del cementerio.

 

Al llegar a casa, interrogué a mi abuela. Con el corazón nuevamente tembloroso-… ¿Es cierto abuela, lo que me contó Cristina; de la muerte de Norita?..

-¿Que me le ha contado esa niña chismosa?

-…No, nada abuelita, nada…- Y sellé mis labios, no por temor, sino por entender que esas eran cosas de mujeres.

 

El día miércoles retorné al cementerio, esta vez sin Cristina.

De pronto mi mente, en un rapto de abstraídos pensamientos, recordó a Norita: Su cuerpecito de flor de verbena perfumada y tibia junto al mío. Su piel que todavía olía a bebe, sus manos pequeñas y morenas que buscaban la tibieza de mi sexo. Su lengua de terciopelo que nadaba en el mar de mi boca. Su amor su fiebre mi locura.” Delirio de haberte podido amar sin temores.” Sus senos, dos limones duros y perfectos, dos guardianes de su cuerpo que abrieron paso a mi deseo. Aquel río que nos cobijó en su ribera. El agua cristalina y rumorosa, la piel que nos llamaba y el miedo que nos alejaba.

Ella soltó al potro de mi cuerpo, rompió el cántaro de mi infancia. Me pidió que la besara como aquellos galanes italianos de sus fotonovelas amadas.

Algo se quebró en mí. Algo se quebró en ella, y ya nunca más fuimos los mismos.

Después, como avergonzados, nos alejamos el uno del otro. Y el prejuicio y el miedo tapiaron los caminos que conducían hasta su puerta.

 

-Pero ahora esto… Su temprana muerte que se posaba sobre mi corazón como un clavo al rojo vivo. Y esta ignorancia total de su dolor. ¿Qué oscuras nubes habían pasado aquella vez por su mente, allá en el río?

- ¿Qué miedo pudo más que su miedo a la muerte misma? ¿Temía, quizás? Al qué dirán de esta sociedad llena de hipócritas. Donde es más seguro ver la chala en el ojo ajeno, antes de que te descubran el dintel de cemento que hay en la tuya.

-¿Qué le había sucedido aquel día en que se hizo colocar ese maldito artilugio abortivo, llamado sonda? ¿Estaba encinta de mí? ¿O del cura, como dijo mi prima?...

 

“Hay temores Norita, que te matan, ellos, junto a los prejuicios que otros siembran en nosotros; pueden cavarle a uno su propia tumba, la de nuestro amor, y los frutos que el pudiera habernos ofrendado”

 

…Tomado por sorpresa, me despierto del abismo de mi pena, y lo veo a él. El padre Ovidio, quien me saluda cortésmente con el rostro sombrío. Luego deposita en la tumba de Norita, un ramo de rosas blancas y ante mi mirada hosca e inquisitiva, dice- Era una buena cristiana la Norita. Muy buena chica.

-¡¿También era buena amante, padre?!- Digo enfurecido, tengo inmensas ganas de lanzarme sobre él y golpearlo y retorcerle el pescuezo. Pero me detengo. Su mirada esta poblada de llanto.

-¡¿Por qué llora, cobarde?!- Vuelvo a increparle con intención de mortificarlo.

-…Lo sé todo- Dice- Lo de vos con Norita…Al revés de lo que puedas mal pensar de mí, ella nunca se acostó conmigo…Por mis votos de castidad.

 

-¡Miente embustero! ¡Ustedes los curas viven sermoneando con el pecado y son los que más lo cometen!

-Muchachito- Me dice con tono conciliador- Si fueran cierto todas esas habladurías. No darían abasto todas las parteras del pueblo. Como tu puedes deducirlo, ya que eres un hombrecito. El demonio siempre les anda calentando las faldas a todas las muchachas solteras del pueblo, con intenciones de hacernos dar un mal paso. Pero Cristo siempre nos guarda las espaldas.

-Pero al pito no se lo guardó Cristo, padre… ¡No se haga el desentendido! Varias de mis primas me han contado que fantasean con usted “pues el padre las mira de forma especial” Por eso a pesar de que odian el futbol, van a verlo jugar con los chicos del catecismo.

Olvidado por un momento de sus pesares, el cura lanza una estrepitosa carcajada nerviosa, diciéndome- Hasta nuestro Señor al pie de la cruz, tuvo sus fantasías con Magdalena. Ello es un don de Dios, un recreo del ser humano cuando la desgracia lo sobrepasa.

-¿Y que hay de las otras tres hermanas muertas de Norita?- Pregunto confundido.

-Si lo decís por extrañeza, te cuento la verdad. Ya que hay mucha inquina y mentira rondando por las calles de este pueblo de chusmas y fariseos.

Las hermanas de “tu novia”, fallecieron mucho antes que ella. No fue a causa de brujerías o daños, como dijeron por allí. Tenían una enfermedad hereditaria congénita. Una especie de cáncer blanco.

-¡Pero Norita no murió de eso!- Replico dolorido y me agarro la panza de dolor y rabia.

-No, ella no murió de ese mal hereditario. Murió a causa de la mala praxis de un aborto… Si se hubiera animado a contármelo antes de hacer aquella locura… Quizás pudiera haberla ayudado.

Es que hizo todo en forma tan discreta ¡Pobrecita! Ni su madre lo supo. Sólo se entero a último momento; cuando la hemorragia era imparable y ya era demasiado tarde.

-… ¿Usted la amaba padre?

-Como a todo buen cristiano, nada más. Lo otro que se dijo por allí, fue un ardid del pastor evangélico Ravena, que de veraz amaba a la niña.- Y se alejó el cura, rumbo a los portales de salida del camposanto. Cabizbajo, apesadumbrado.

 

Tiempo después me entere de su partida apresurada hacia el Chaco Formoseño, de donde no regresó nunca.

 

“Todos estos largos años transcurridos de aquel terrible suceso, no han podido desterrar las dudas que me atormentan en sueños.

-¿Tuvo algo que ver el sacerdote con Norita? ¿Me engañó aquella vez en el cementerio, inventándome una mentira piadosa? ¿Por qué se alejó prontamente del pueblo, sin regresar jamás?

Esa y mil preguntas me he realizado en mis noches de insomnio. Ahora que soy un hombre adulto y solo, es cuando más me reprocha la conciencia.

-¿Por qué la deje sola esa primera vez en el río? ¿Por qué no tuve el valor para sujetarla en mis brazos? Si yo la amaba.

Si de verdad ese hijo fue mío ¿Por qué el padre Ovidio me hizo dudar, con su partida repentina?

-¿Y el angelito de mármol?  ¿Qué misteriosas manos lo colocaron frente a las cuatro tumbas? Como si fuera un centinela de los secretos más abominables que guardamos los hijos de Caín. Que dejamos a nuestras mujeres solas; para que se hagan responsables de un pecado que también nos pertenece.

 

Todos dijeron, incluyendo a mi abuela, que estuvo allí desde siempre. Desde mucho antes de que se fundara el cementerio.

Ese angelito ¿será el hijo que no supe defender?

-¿Será mi hijo este angelito, que revolotea por mis noches, quitándome los sueños?

-¿O  ha estado  desde siempre en ese lugar? Como dijeron todos los vecinos viejos del pueblo; esperando a que yo pecara.”

 

 

 

publicado por ismaelpepe a las 20:00 · Sin comentarios  ·  Recomendar
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Escribir novelas y cuentos,poemas,nadar, andar en bici,jardineria. Y pensar la vida, porque de eso se trata, pensar, pues es lo único que nos llevaremos de este mundo.

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